• Por Joshuan J. Barboza

    Winogrand, Moriyama y Wagner

    La focal de 28 mm ha ocupado históricamente un lugar singular en la fotografía de calle. Más que una elección técnica, constituye una postura estética y corporal frente al espacio urbano, al exigir cercanía física, anticipación compositiva y una aceptación consciente de la distorsión y del caos visuales. En este contexto, tres autores —Garry WinograndDaido Moriyama y Andre D. Wagner— representan aproximaciones distintas pero complementarias al uso del 28 mm como herramienta expresiva central en la fotografía de calle.


    Garry Winogrand: el 28 mm como extensión del cuerpo

    En la obra de Winogrand, el 28 mm no funciona como un simple gran angular, sino como un dispositivo perceptivo. Su fotografía se construye a partir del movimiento, la inestabilidad y la proximidad extrema al sujeto. El encuadre amplio permite incorporar múltiples capas narrativas en una misma escena, generando tensiones visuales que rara vez se resuelven de manera armónica.

    Técnicamente, Winogrand trabajó ampliamente con cámaras Leica de 35 mm, favoreciendo lentes angulares —particularmente 28 mm— que le permitían fotografiar sin llevar la cámara al ojo, disparando desde el pecho o en desplazamiento continuo. Esta práctica anticipa buena parte de la estética contemporánea de la street photography: imágenes abiertas, desequilibradas, con horizontes inclinados y sujetos fragmentados, donde la ciudad actúa como un sistema vivo más que como un fondo.

    Su influencia es decisiva. Gran parte de la fotografía urbana actual —especialmente aquella que privilegia la energía, el azar y la superposición de acciones— bebe directamente de su manera de entender el espacio público como un escenario impredecible.


    Daido Moriyama: el 28 mm como ruptura y confrontación

    En el caso de Moriyama, el 28 mm adquiere un cariz radicalmente distinto. Aquí no se trata solo de amplitud espacial, sino de agresión visual deliberada. El gran angular se convierte en una herramienta para deformar, fragmentar y violentar la realidad urbana, alineándose con su estética are-bure-boke (áspero, movido, desenfocado).

    Moriyama ha utilizado cámaras compactas de 35 mm y cámaras Leica con lentes angulares, muchas veces disparando de manera intuitiva, sin una preocupación clásica por la corrección técnica. El 28 mm intensifica la sensación de cercanía incómoda, casi invasiva, reforzando la idea de una ciudad hostil, fragmentada y alienante.

    Desde un punto de vista artístico, su legado es fundamental para comprender la fotografía de calle contemporánea que renuncia conscientemente a la nitidez, la composición tradicional y la narrativa clara. Moriyama legitima el error técnico como lenguaje expresivo, y el 28 mm se vuelve clave para amplificar esa estética cruda y visceral.


    Andre D. Wagner: el 28 mm como equilibrio contemporáneo

    Andre D. Wagner representa una síntesis moderna entre tradición y sensibilidad actual. A diferencia de Winogrand y Moriyama, su uso del 28 mm es más contenido y reflexivo, aunque mantiene la proximidad física característica de esta focal.

    Trabajando principalmente con Leica M6 y lentes de 28 mm, Wagner construye imágenes en blanco y negro donde el gran angular permite integrar al sujeto dentro de su contexto social sin diluir su presencia. El resultado es una fotografía íntima, empática, con un fuerte componente humano, que dialoga con la tradición documental pero con una sensibilidad contemporánea.

    En términos técnicos, su trabajo demuestra que el 28 mm no está condenado al caos visual: puede ser una herramienta de equilibrio, siempre que exista un control consciente del espacio negativo, la luz y la relación figura–fondo. Su influencia es especialmente visible en la nueva generación de fotógrafos de calle que buscan narrativas sociales claras sin renunciar a la cercanía y al dinamismo urbano.


    Implicancias para la fotografía de calle actual

    El análisis conjunto de estos tres autores permite comprender que el 28 mm no define un estilo único, sino un campo de posibilidades expresivas. Desde el desorden vital de Winogrand, pasando por la confrontación existencial de Moriyama, hasta la mirada humanista de Wagner, esta focal obliga al fotógrafo a involucrarse físicamente con la escena y a asumir riesgos compositivos.

    En la práctica contemporánea —especialmente con cámaras digitales de alta resolución y compactas full-frame— el 28 mm sigue siendo una focal central para quienes conciben la fotografía de calle no como observación distante, sino como inmersión directa en la vida urbana. Más que una elección técnica, se trata de una declaración de intención: estar cerca, aceptar el desorden y permitir que la ciudad entre completa en el encuadre.

    Consideraciones técnicas clave para fotografía de calle con 28 mm

    Desde el punto de vista técnico, trabajar con una focal de 28 mm en fotografía de calle implica comprender que la gestión del espacio y de la distancia al sujeto es más determinante que la mera elección de parámetros de exposición. El gran angular amplifica tanto los aciertos como los errores, por lo que exige un control consciente de varios elementos.

    En primer lugar, la distancia hiperfocal adquiere un rol central. El 28 mm permite trabajar cómodamente con hiperfocales relativamente cortas, especialmente en sensores full-frame. Configurar aperturas intermedias (f/8–f/11) posibilita mantener amplias zonas de nitidez, lo que favorece el disparo rápido sin necesidad de reenfocar constantemente. Este enfoque es particularmente útil en escenas dinámicas, donde la anticipación es más relevante que la precisión milimétrica del foco.

    Fuente: https://www.streethunters.net/blog/2014/09/03/learn-zone-focusing-hyperfocal-distance-street-photography/?utm_source=chatgpt.com

    La relación sujeto–fondo es otro aspecto crítico. A diferencia de focales más largas, el 28 mm no aísla por compresión, sino por posición en el espacio. El fotógrafo debe aprender a acercarse físicamente al sujeto y, al mismo tiempo, ordenar el fondo para evitar contaminación visual. Pequeños desplazamientos laterales o cambios de altura pueden modificar radicalmente la lectura de la escena, algo que en esta focal ocurre de forma especialmente evidente.

    En términos de apertura, el uso de diafragmas muy abiertos (f/1.7–f/2.8) debe ser deliberado. Aunque el 28 mm permite cierto desenfoque a corta distancia, su principal fortaleza no es el bokeh, sino la integración contextual. En fotografía de calle, aperturas medias suelen ofrecer un equilibrio más coherente entre nitidez, profundidad narrativa y control de la escena.

    La velocidad de obturación cobra especial importancia debido a la cercanía al sujeto y al movimiento constante. Aunque el gran angular tolera velocidades relativamente bajas sin trepidación, el dinamismo urbano suele requerir velocidades de al menos 1/250 s para congelar gestos, miradas y cruces de acción. Este criterio se vuelve aún más relevante cuando se dispara desde el movimiento, como lo hacía Winogrand, o de forma reactiva.

    Respecto a la composición, el 28 mm obliga a pensar en términos de bordes. Los márgenes del encuadre no son secundarios: cualquier elemento periférico adquiere peso visual. La disciplina compositiva consiste en aprender a “leer” el encuadre completo antes del disparo, anticipando entradas y salidas de sujetos, líneas arquitectónicas y contrastes tonales.

    Finalmente, el uso del visor o disparo desde la cintura es una práctica habitual con esta focal. El 28 mm tolera encuadres menos precisos sin perder coherencia narrativa, lo que facilita una fotografía más discreta y espontánea. Sin embargo, esto requiere entrenamiento visual previo para internalizar el ángulo de visión real y evitar encuadres excesivamente abiertos o vacíos.


  • México

    Muy poco se habla del detrás de una fotografía; muchos pueden observarla y al instante tener una respuesta corta y hasta ahí. Pero no se han puesto a pensar. ¿Hay algo más que nos quieren relatar?
    Cada vez que mires una imagen, pregúntate a ti mismo: ¿qué emociones me sacuden en ese momento? Y verás que de ahí puedes partir para interpretar la obra.

    Actualmente estoy estudiando fotografía y, por lo que sé hasta ahora, las fotografías de calle me llaman mucho la atención, ya que, al ver a mi alrededor, pasan muchas cosas; unas difíciles de ver. Por eso siempre digo: por algo pasó en el momento en que estoy ahí.

  • Perú

    «Soy natural de Quillabamba, Provincia De La Convencion, Cusco; y vivo fuera de mi tierra desde el 2007. Mi camino me ha llevado por distintos lugares del Perú como Arequipa, Lima y Camisea (selva del Cusco), viajes que han marcado mi manera de mirar y entender el territorio y a las personas.
    Llegué a la fotografía a través de mi carrera como Guía de Turismo. Al inicio, la cámara fue una herramienta para la fotografía de aves, con el objetivo de identificarlas y elaborar mi propio checklist. Ese proceso afinó mi observación y mi paciencia.
    Durante la pandemia empecé a salir a documentar las calles vacías del Cusco. Fue entonces cuando descubrí la fotografía de calle y documental, un lenguaje que poco a poco se volvió central en mi trabajo. Me atraen las sombras fuertes, el sol intenso y el contraste marcado que define la luz cusqueña, donde la luz y la sombra se convierten en protagonistas de la escena.
    Cada día sigo aprendiendo sobre la fotografía de calle, entendiendo que no existe la foto perfecta, solo instantes honestos, momentos irrepetibles y una mirada atenta a lo que sucede frente a mí.
    «

  • México

    «Mi aproximación a las fotografías callejeras no son tan cercanas, ya que no tengo demasiado tiempo para salir, sin embargo hago fotos de estilo retrato que combinan emociones como dramatismo, felicidad, tristeza o soledad, soy amante de la fotografía y aún estoy en empezando con esta disciplina, sin embargo la fotografía para mí a sido un medio visual y poético para demostrar la lectura constante del tiempo en la vida cotidiana, me a ayudado a observar más alla de la realidad y de como funciona nuestro entorno y que me a ayudado a seguir mejorando cada día más en tomar mejores fotografías.«

  • La fotografía de calle como forma de pensamiento visual: seis autores que redefinieron nuestra manera de mirar

    La fotografía de calle no constituye únicamente un género fotográfico, sino una forma de conocimiento visual sobre la vida social, el tiempo histórico y la condición humana en el espacio público. A lo largo del siglo XX y comienzos del XXI, un reducido grupo de autores ha ejercido una influencia decisiva no solo en la estética, sino también en la epistemología de la imagen urbana. En esta entrada, propongo una reseña crítica —desde una mirada reflexiva y formativa— sobre seis fotógrafos cuya obra ha modelado profundamente la práctica contemporánea de la fotografía de calle.


    Henri Cartier-Bresson: el instante decisivo como principio estructural

    Cartier-Bresson instauró una idea que trascendió lo técnico para convertirse en un marco conceptual: el instante decisivo. Su influencia no radica solo en la precisión temporal del disparo, sino en la integración armónica entre forma, contenido y significado. A partir de él, la fotografía de calle dejó de ser un registro casual para convertirse en un acto consciente de observación disciplinada. En la práctica contemporánea, su legado se manifiesta en la búsqueda de coherencia compositiva y en la ética del respeto por la escena no intervenida.


    Robert Frank: la ruptura del canon y la subjetividad como narrativa

    Con The Americans, Frank fracturó deliberadamente el ideal clásico de belleza y objetividad. Introdujo la imperfección, el desenfoque, el encuadre abrupto y la ambigüedad emocional como recursos narrativos legítimos. Su influencia es crucial para entender la fotografía de calle como relato personal más que como documento neutral. A partir de Frank, el fotógrafo deja de ser un testigo invisible y se convierte en un intérprete crítico de la realidad social.


    Garry Winogrand: el caos urbano como objeto de estudio

    Winogrand llevó la fotografía de calle a un terreno de tensión constante. Su obra no busca ordenar el mundo, sino evidenciar su desorden. La influencia de Winogrand se expresa en la aceptación del azar, la fragmentación y la sobrecarga visual como reflejo honesto de la experiencia urbana. Su legado es especialmente relevante en la fotografía contemporánea que asume la ciudad como un sistema caótico, impredecible y en permanente fricción.


    Daido Moriyama: la experiencia sensorial de la ciudad

    Moriyama radicalizó la fotografía de calle al despojarla de cualquier aspiración a la pulcritud formal. Su estética are-bure-boke propone una ciudad vivida desde el cuerpo, la noche, la velocidad y la alienación. Su influencia es profunda en corrientes contemporáneas que entienden la imagen no como representación fiel, sino como experiencia sensorial. Moriyama legitima el error técnico como recurso expresivo y filosófico.


    Joel Meyerowitz: el color como lenguaje analítico

    En un contexto dominado por el blanco y negro, Meyerowitz defendió el color como herramienta narrativa y cognitiva. Su aporte fue demostrar que el color no distrae, sino que complejiza la lectura de la escena urbana, incorporando capas emocionales, temporales y culturales. Su influencia es evidente en la fotografía de calle contemporánea que utiliza el color como elemento estructural del discurso visual, no como mero adorno estético.


    Alex Webb: complejidad, capas y tensión narrativa

    Webb representa una síntesis madura de muchas de las influencias previas, llevándolas a un nivel de complejidad compositiva excepcional. Sus imágenes están construidas por múltiples planos, interacciones simultáneas y tensiones cromáticas que exigen una lectura activa. Su influencia es particularmente relevante en la fotografía de calle contemporánea que busca escenas densas, narrativamente abiertas y visualmente exigentes, donde el espectador participa en la construcción del significado.


    Estos seis autores no solo definieron estilos; redefinieron la manera de pensar la fotografía de calle. Su influencia persiste porque abordaron la ciudad no como un simple escenario, sino como un sistema vivo, social, político y emocional. Comprender su legado no implica imitarlos, sino entender las preguntas que plantearon y cómo estas siguen siendo pertinentes para quienes hoy seguimos caminando la calle con una cámara y una mirada crítica.

  • Docente universitario, investigador clínico de la Universidad Señor de Sipán y de la Escuela de Medicina de la UPC. Fotógrafo dedicado a la fotografía etnográfica y documental.

    «Mi aproximación a la fotografía de calle no ha sido la de un observador casual ni la de un mero recolector de escenas urbanas. Ha sido, más bien, un proceso progresivo de aprendizaje visual, de disciplina técnica y de comprensión profunda del espacio social. La calle se convirtió para mí en un laboratorio humano: impredecible, dinámico y honesto.

    Con el tiempo comprendí que la fotografía de calle no consiste únicamente en capturar personas o momentos aislados, sino en interpretar relaciones: entre los individuos y su entorno, entre la luz y la arquitectura, entre el gesto humano y la narrativa implícita que lo rodea. Aprendí a valorar el contexto tanto como al sujeto, entendiendo que una fotografía pierde potencia cuando se desliga del espacio que la explica. Esta mirada me llevó a desarrollar una composición más consciente, en la que el encuadre no es accidental, sino una herramienta narrativa.

    En el plano ético y humano, la fotografía de calle me confrontó con realidades diversas: trabajo informal, vejez, infancia, rutina, cansancio, esperanza. Fotografiar sin intervenir implica un ejercicio de respeto y responsabilidad. Cada imagen plantea una pregunta silenciosa sobre la representación del otro y el rol del fotógrafo como intermediario entre la escena y el espectador. Esta conciencia ética ha sido central en mi proceso, orientándome a evitar el sensacionalismo y a priorizar la dignidad del sujeto fotografiado.

    La fotografía de calle ha sido para mí una forma de estudio social visual, una práctica que combina técnica, observación crítica y sensibilidad humana. No la concibo como un género rápido ni impulsivo, sino como un ejercicio constante de lectura del mundo cotidiano. La calle no solo me ha enseñado a fotografiar mejor; me ha enseñado a mirar con mayor profundidad.»

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